Viaje, 3
Ya no sé si sigue siendo el día que es o si hemos cambiado de día, según se mire de aquel otro lado que dejamos atrás o de este otro lado del gran atlántico, qué complicados los seres humanos con esto de los horarios, al final para mí es el mismo tiempo no?
El caso es que ya llevamos más de 24 horas de viaje y estamos recansados.
Ahora se ha hecho de noche en el cielo, para nosotros deben ser las 12 o 1 de la madrugada y seguimos sentados en el estrecho sitio de un avión, mal dormidos y mal comidos.
Me pican los ojos pero no puedo dormir y entre todo el mejunje de pensamientos me viene una súper teoría, de esas que solo le valen a una en el momento y se cree una la leche, j aja. Mi inconsciente desea salir, así como hace mientras una duerme, y al carecer de este estado tan placentero del sueño la cabeza empieza a llenarse de ideas de imágenes y de recuerdos a la máxima velocidad y sin concordancia ninguna por su puesto. El delirio del no descanso.
Al pasar la cordillera nos tienen atados por las turbulencias, esta vez no se movió para tanto el avión, solamente un poco, lo justo para asustar a quien esté dispuesto.
Bajamos del avión por fin, Bogotá, todavía, registro policial, hasta te tocan, te hacen levantar las manos y te pasan el detector de metales por todos lados, joder con la policía colombiana. A un niñito le hacen abrir una cajita de metal que llevaba llena de juguetitos enanos, tres polis lo vigilaban. Qué absurdo! Pienso.
Llegamos a chilito por fin, tenemos que esperar un par de horas a que llegue el primer bus, todavía son aquí las 4 de la mañana, y a qué hora llegamos a casa de los padres de enrique? A las 10 de la mañana o sea, a las 4 de la tarde para nosotros, en total hacen 34 horas, guau, qué volada que llevamos los dos!
viernes, 3 de octubre de 2008
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